LA EDUCACIÓN… NUEVO CURSO

La llegada del mes de setiembre supone, en la mayoría de la población un reinicio de la actividad. Durante todo el tiempo estival hemos estado en un “stand by”, es decir en modo de espera, más apto para los requerimientos de esos momentos de calor, en los que esperamos días de descanso y relax. Pasado ese tiempo llega setiembre y con él nuestro botón de “modo espera” pasa a la posición “on”, reiniciándose todo el sistema operativo, es decir, recobrando nuestra rutina habitual, nuestra actividad.

Pero en Cabra todo esto es algo diferente. Las fiestas en honor de nuestra patrona, la Virgen de la Sierra y su posterior estancia en nuestra ciudad durante todo el mes, hacen que la mayoria de los egabrenses aun continuemos con el botón en “modo espera” hasta que llegado el mes de Octubre pasa a situación “on” y reiniciamos. La mayoría de egabrenses, no todos.

Una de las actividades que se retoman, año tras año, en el mes de Setiembre es la vuelta al colegio y por tanto, nuestros escolares, nuestros estudiantes, se aprestan a ello. El comienzo del curso escolar es punto de partida de otras muchas actividades y aunque cada año es diferente al anterior, el actual es aun más distinto. Este año se pone en marcha la reforma educativa aprobada por el gobierno de la nación, la LOMSE, que fue rechazada por la mayoría de la oposición.

Sí ya de por si la puesta en marcha de un nuevo curso es difícil y complicado, mas aun lo es cuando se pone en marcha una nueva ley, y aunque la educación es un gran logro que obedece al esfuerzo conjunto de todos los españoles, parece ser que también es uno de los derechos con mas reformas de nuestra joven democracia. Cada gobierno ha intentado poner su propia ley de educación, y cuando ésta se pone en marcha por un determinado gobierno, prácticamente lleva asociada la fecha de caducidad por quienes son oposición a ese gobierno, da igual el color del gobierno y de la oposición.

Después de tantos años, esto provoca la perdida de demasiado tiempo en luchas ideológicas estériles en lugar de buscar el consenso necesario para dar el vuelco que la educación necesita en nuestro país. No ha habido reforma capaz de enderezar la situación. El informe PISA nos alerta, año tras año, de las deficiencias de nuestro sistema educativo y aun está por ver que la LOMSE pueda aportar cambios sustanciales.

La disputa política provoca que según sea la comunidad autónoma, asi se pondrá mas o menos énfasis en el cumplimiento de la Ley; lo que no deja de ser un auténtico error y muestra inequívoca de actuar con estrechez de miras. La educación es, debe ser, un problema de todos, de políticos y ciudadanos, no un arma arrojadiza de la pugna política, por lo que debe ser exigible un acuerdo entre todos para llevar a cabo, con continuidad, el desarrollo de la norma acordada.

La educación requiere un pacto de Estado ¡YA!, que permita alcanzar un diagnóstico fiable de las carencias que tenemos y aplicar los cambios necesarios. Es urgente un planteamiento pedagógico orientado a desarrollar capacidades y habilidades creativas, plantear medidas de refuerzo de la actividad docente, con programas destinados a mejorar la capacidad didáctica del profesorado y apoyo a los alumnos más rezagados.

Por tanto, el objetivo principal que deben marcarse nuestros gobernantes es la estabilidad para desarrollar con eficacia y largo alcance su labor. Y junto a aquel la estabilidad normativa y presupuestaria. Sólo un esfuerzo constante y coherente permitirá abordar los desafíos de la educación. La lucha contra el abandono y la necesidad de mayor éxito escolar reclaman un trabajo coordinado y la participación de toda la sociedad. Únicamente con este acuerdo social y político, reclamado mayoritariamente, podremos situar la educación como corazón de la economía, abordando retos futuros, sin ceder a una apropiación de la misma por sectores interesados.

La comunidad educativa, junto a la participación activa de las familias, son elementos clave en la modernización y mejora de la educación; deben ser los agentes de este cambio. Ello supone poder alcanzar una enseñanza abierta, plural, inclusiva que, desde la diversidad y autonomía de los centros, propicie una mayor participación de toda la sociedad en la tarea y la gestión educativa, según las competencias de las distintas administraciones.

Los recursos deben ser suficientes y equitativos para que nadie se vea privado de la educación y de su desarrollo personal. Todos debemos de hacer de la educación una prioridad absoluta. Únicamente así podrán abordarse desafíos que afectan a la realidad y al ánimo de tantos y que impiden afrontar los problemas reales que inciden en nuestra vida diaria. Este compromiso es el mejor modo de celebrar un curso que sea nuevo.

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